El Charro morado Adventure´s
Por: Noé Reyes.
“Compre ahora,
pague en los siguientes 2 años…”
“Bonita está la
cosa mi Rosita, el sexenio de la infre-estructura,
el sexenio de la salú, el sexenio de
la valentina, ¿y el sexenio del empleo? Ya… mi Rosita, puro jabón nos dio ese tal
Jelipe Calderón, venos, yo sigo aí sin trabajar, y pos la mera verdad de
superhéroe no la hago, con tanto cuerno de chivo suelto, yo cómo les topo… no,
mi Rosita, estamos fregados, y ahora con el nuevo gobierno…
Dejo nuestro valedor de acariciar el
cuello de su yegua y caminó cabizbajo desde la pequeña fuente sin agua del
segundo patio a su cuarto de portero en la Vecindá. Una rata se atravesó en su
trayecto y soltó una patada volando la bota lejos de su alcance. “¡Me lleva Judas!”
Y en efecto, la crisis hacia mella en el Charro, las purpúreas botas brillantes
y el lustre iban en declive. Los agujeros de la planta, tiempo tenían de darle
comezón al Charro. Era imposible buscar a doña Garga para hacerle mandados…
encargos, traer comida del súper o algo así, no sean mal pensados.
“Uno
de veras le intelige, pero a ratos no entiendo, desde que doña Garga fue a
practicarse eso: Panicolado para
descartar el virus de la paloma. Ni se deja ver.”
Era un hecho no aparecía doña Garga y ni su
voluminoso centro gelatinoso de abdomen, porque don Garraspeo la traía de la
gamarra con tanto trabajo como secretaria de deportes del H. Ayuntamiento. “A
ver vieja de los 200 mil pesos, le pones:
mil al equipo de discapacitados, esos casi ciegos, con eso le compras
uniformes, ya sé, ya sé, apenas alcanza pa´ camisitas de 30 pesos y con
estampitas mal pintadas, pero no le-aunque, al-cabo, ni ven. Otros mil para
pagar el torneo de veteranos, y les recalcas que no hay presupuesto para
uniformes, 500 pesos para el torneo de voli y
500 para el de basquess , si te pones
abusada cobras inscripción y de ahí sacas para tus gastos de la semana. ¿Cómo
ves? El resto lo vamos a dejar pa´ la posada y las borracheras del equipo de
futbol ahí donde nosotros semos las estrellas”.
Nuestro
frugal amigo el Charro morado se puso a dar show-business en las calles aledañas a la vencindá la Herradura, saltando en las
esquinas y limpiando, parabrisas con su magistral finura de paño de seda, bueno
en realidad era un mecate lleno de mocos, ah pero limpió 300 parabrisas a 1.5
pesos cada uno dio un total de: 450 pesotes. Y con eso soñó con el Buen Fin.
(Fin de semana donde la mayoría de los establecimientos sacan sus artículos
electrónicos ya caducos o pasados de moda para ofrecerlos como ganga) Este
truco es como la Sección Amarilla, funciona y funciona muy bien…
El
Charro meditó en qué gastarse sus fierros, aprovechando pues, el Buen Fin, sin
embargo, sabía de los 5 litros de agua agregados al menudo de doña Lupe para
rendir el caldo y poder rebajar el precio, conocía de los chicharrones de don
Pancho revueltos con tripa de gato para ofrecer un taco extra, tuvo a bien
darse cuenta de los seis kilos de pepinos picados al ceviche de Gumarito y en la
tienda pusieron al 50% de descuento, chicharos, paletas payaso, aguacates Ricolino, agujetas El Toroloco, lentes para destapar
baños…
No
obstante la fiebre por el Buen Fin era severa y nuestro Charro paró frente a
una tienda de electrónicos y amarró su yegua a un poste. Estuvo de fisgón hasta
aprenderse las cualidades de los televisores Smart TV. Y el precio por
supuesto. El televisor visto era de un valor aproximado a 26 mil pesos. El
Charro por poco se va para atrás estilo Condorito, pero al final le dejaban el
televisor en 14 mil, le regalaban un
Blu-rey, un morado-prince, y donde empotrar el aparato. El Charro se dijo: “Mira
pues es buen el descuento con todo y regalos”. Con esa idea quedó nuestro valeroso
Charro. Un joven de diente grande, ojo brilloso, pestaña simpática y bueno para
enredar gente, se acercó al Charro.
—¿Le gusta?, llévese
éste sensacional equipo para alta definición, 3D, 2D, y demás…
—Uuuuy mi vale como
quisiera el mostruote ese, pero por no traigo ni pal pozole.
—Use su tarjeta de crédito
don Charro, ¿cuál utiliza? —le preguntó el dependiente.
El Charro le sonrió, atisbó a su
yegua, y respondió orgulloso.
—Fíjese que sí
tengo tarjeta.
—Que bueno, así le
podemos dejar el televisor a 18 meses sin intereses y ya se lo lleva ¿cómo ve?
¡Sopas! El Charro hizo cuentas, si
costaba 14 mil, a 14 meses era mil por mes luego con los 4 meses restantes le
saldría como de a novecientos pesos por cada treinta días, aunque su sueldo de
la vecindad era de 960 pesos mensuales con eso alcanzaría a sostener el pago
por un tiempo y si encontraba trabajo extra, pues más fácil, sólo que tendría
que ayunar y sacrificaría la alfalfa de la Rosita, y las botas nuevas tendrían
que esperar, y en ésta navidad no compraría calzones nuevos y seguiría con sus
chones faroleados, total, un tiempo más, un tiempo menos. Comería pastas y
nopales todos los días. Un pequeño sacrificio. Y gacho tener que cargarle todo
a la Rosita. “A ver si no se redienga”.
Pensó.
—¿Entonces vale,
usted dijo 18 meses?
—Sí, eso dije —contestó
el empleado pelando el diente, ¡una venta es una venta!
El Charro sacó su tarjeta de
Soriana, más que inmediato y la extendió jubiloso.
—Aí tá mi tarjeta,
trae poquillo, como quinientos pesos que yo creo que ya me depositó el PRI.
Pensábamos describir lo que sucedió
después pero nos dio pena con el Charro morado y mejor aquí le cortamos.
No deje de leer las
aventuras del Charro morado, defensor de la lectura y de las buenas costumbres
y cuando vaya al Buen Fin, lleve sus tarjetas de crédito, así, sí, le pondrán
atención. ¿No qué todos somos iguales?
