EL Charro morado
La pasión.
Llegó la semana
Santa y con ella el poderoso Charro morado se dio el quién vive recogiendo
flores para la procesión, o mejor dicho para la celebración de la Judea. Se iba
a ganar sus buenos pesos llevando flores de aquí a allá. No podía ir a la playa,
no alcanzaban sus recursos, ergo, a disfrutar Guadalajara. Bueno, eso pasa a la
mayoría de los que aquí nos quedamos… snif
snif, porque los que sí tienen dinero andan mojándose las nalgas en esos
días. O.K. ¿Me estoy quejando? ¡Sí me quejo! No hay justicia en este mundo.
¡Prefiero andar en la playa que ver museos en semana Santa! ¡Me cacho! Diría
Manolito, (yes el de Mafalda).
Bueno una vez esparcido mi veneno,
volvamos con el Charro. El trabajo del defensor de la prole tenía por objetivo
juntar mil flores y conseguir mil pesotes. Pero, siempre hay un pero. Una vez
terminado el trabajo, se hicieron humos los dineros. ¿Qué pasó? Pues nada más y
nada menos el Sr. Cura dijo: Todo lo hecho para Dios se pagará en el cielo.
¡Gulp!
Y con la cabeza gacha, arrastrando
los pies, raspando la punta de las botas y jalando la cuerda el pescuezo de su
yegua Rosita, -está bien mucho gerundio pues, trataré de evitarlo- marchó el
Charro calles abajo en busca de la vecindá
la Herradura. Al arribar soltó la yegua al segundo patio y se sentó a suspirar
en el borde de una pila de agua. ¡Necesitaba los mil pesotes chingao! No lloró,
because el Charro no llora. ¡Sí
confieso! Era el puro grito de dolor. ¡Necesitaba comprar unos calzones y unos
calcetines! La verdad era cruel e injusto el asunto, tanto trabajar, tanto
esfuerzo y… ¡sopas!
Pero Dios existe, y de pronto: llegó
doña Garga corriendo y gritó: ¡Charro! ¡Charro! Háganos el favor de ayudarnos
con un personaje. Movía todo su grueso cuerpo lipémico como gota de aceite en
un charco de agua. Por lo que más quiera échenos la mano con Judas Iscariote.
Nota:
Judas Iscariote (en hebreo יהודה איש־קריות Yəhûḏāh ʾΚqərayyôṯ) (*Keriot
— + Jerusalén, 27-33
d.C), fue uno de los apóstoles deJesús de Nazaret. Siguió a su maestro durante su predicación por Judea y Galilea y, según los Evangelios, fue el
apóstol traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde
podían capturar a su Maestro sin que sus seguidores interfiriesen, tal como
había anunciado el propio Jesús durante la Última Cena. (Mateo 26:14-75 y Lucas 22:20)
Este mero pues.
—Ah no doña Garga yo no salgo de ese,
ese fue el traidor, el gacho de la
película —dijo el defensor del sufrido.
—Ándele don Charro,
nos sacará del apuro.
Doña Garga se sobó sus gruesos pelos
del bigote, se le prendió el foco (tuvo una ideota) y le dijo al Charro.
—Le damos 100
pesos.
Empezó el jaloneo, que 100, que 200,
que 150 y un beso, no 200, que mejor un beso y 175, sopas quedaron en 200
pesos.
Allá fue nuestro Charro, a ser el
Judas traidor en la representación de la pasión de Cristo.
Llegaron doña Garga y el Charro con
el Sr. Cura y este, cual buen samaritano le ofreció darle unas monedas falsas,
al héroe, pintadas de plata, pero el Charro alegó que así no iba a sentir el
compromiso, entonces se decidió el presbítero por darle 30 monedas de 10 pesos.
Pa´que juera más rialista.
Un chorro de gente. Un titipuchal de
gente. ¡Uta! Mucha gente. Gente pues, nomás gente En la escena de la última
empacada nocturna, Chuy partió el pan y lo entregó a sus discípulos. Luego miró
al Charro quien vestido con una toga morada, sus deslumbrantes botas y con su sombrerote –no quiso dejarlo- recibió
la mirada de Jesús.
—Lo que vayas a
hacer hazlo presto —dijo el Jesús.
—Ya vas —respondió
el Charro.
En despuesito se vio al Charro estar
con el sumo Sacerdote. ¡Caifás! Le entregó al superhéroe las 30 monedas de a 10
pesotes.
La raza abucheo al Charro.
Vino la crucifixión y las frases
celebres de: “Padre aí los dejo, viva el vivo del más…” ¡Ah no, no es cierto!
Dijo: “padre perdónalos no saben lo que
hacen”. Total, crucificaron a nuestro redentor y todo mundo
volteó a ver en que momento aquel hombre fornido, alto, ojos verdes, galán y
con sombrero, osease nuestro Charro, se ahorcaba, pero:
Nada
andavete de Charro, nada, ¡no se colgó! Y nadie sabía por donde andaba el
Charro.
¿O´nta el bebe? O´nta el Charro, ps.
Doña Garga sospechó que el Charro se
había fugado a la vecindad y que tal vez olvidó sus diálogos y la escena donde
se ahorcaba. Fue la señora cuerpo de Trompo y trompa pintada a buscar al Charro
y lo encontró contando las monedas.
—¿Qué pasó mi
Charro, o´nde andaba?
—¡Ya cumplí doñita,
ya cumplí! —respondió el Charro.
—Pero pos —respingó
doña Garga, sobándose de nuevo sus pelos gruesos de la cara—, todos esperábamos
verlo colgado.
—¿No pos cuál doña,
por qué iba a hacerlo, pues?
—Porque así es, una
vez que traiciona Judas a Cristo se ahorca —recriminó doña Garga.
—Mire, el tal
Jesús, de todas maneras va a resucitar, ¿No? A pos, ¿yo por qué me iba a fregarme
solo a mí mismo, colgándome? —Pleonasmote—. Lo caido caido. 300 pesotes son
300 pesotes.
¡Caifás!
No deje de leer las
aventuras del Charro púrpura. No sea malo no lo critique, ¿a poco nunca ha
tenido una necesidad de dinero?
¿Caifás?
