jueves, 11 de abril de 2013







EL Charro morado

 La pasión.

Llegó la semana Santa y con ella el poderoso Charro morado se dio el quién vive recogiendo flores para la procesión, o mejor dicho para la celebración de la Judea. Se iba a ganar sus buenos pesos llevando flores de aquí a allá. No podía ir a la playa, no alcanzaban sus recursos, ergo, a disfrutar Guadalajara. Bueno, eso pasa a la mayoría de los que aquí nos quedamos… snif snif, porque los que sí tienen dinero andan mojándose las nalgas en esos días. O.K. ¿Me estoy quejando? ¡Sí me quejo! No hay justicia en este mundo. ¡Prefiero andar en la playa que ver museos en semana Santa! ¡Me cacho! Diría Manolito, (yes el de Mafalda).
            Bueno una vez esparcido mi veneno, volvamos con el Charro. El trabajo del defensor de la prole tenía por objetivo juntar mil flores y conseguir mil pesotes. Pero, siempre hay un pero. Una vez terminado el trabajo, se hicieron humos los dineros. ¿Qué pasó? Pues nada más y nada menos el Sr. Cura dijo: Todo lo hecho para Dios se pagará en el cielo. ¡Gulp!
            Y con la cabeza gacha, arrastrando los pies, raspando la punta de las botas y jalando la cuerda el pescuezo de su yegua Rosita, -está bien mucho gerundio pues, trataré de evitarlo- marchó el Charro calles abajo en busca de la vecindá la Herradura. Al arribar soltó la yegua al segundo patio y se sentó a suspirar en el borde de una pila de agua. ¡Necesitaba los mil pesotes chingao! No lloró, because el Charro no llora. ¡Sí confieso! Era el puro grito de dolor. ¡Necesitaba comprar unos calzones y unos calcetines! La verdad era cruel e injusto el asunto, tanto trabajar, tanto esfuerzo y… ¡sopas!
            Pero Dios existe, y de pronto: llegó doña Garga corriendo y gritó: ¡Charro! ¡Charro! Háganos el favor de ayudarnos con un personaje. Movía todo su grueso cuerpo lipémico como gota de aceite en un charco de agua. Por lo que más quiera échenos la mano con Judas Iscariote.
Nota:


Judas Iscariote (en hebreo יהודה איש־קריות Yəhûḏāh ʾΚqərayyôṯ) (*Keriot — + Jerusalén, 27-33 d.C), fue uno de los apóstoles deJesús de Nazaret. Siguió a su maestro durante su predicación por Judea y Galilea y, según los Evangelios, fue el apóstol traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían capturar a su Maestro sin que sus seguidores interfiriesen, tal como había anunciado el propio Jesús durante la Última Cena. (Mateo 26:14-75 y Lucas 22:20)




Este mero pues.
Ah no doña Garga yo no salgo de ese, ese  fue el traidor, el gacho de la película —dijo el defensor del sufrido.
—Ándele don Charro, nos sacará del  apuro.
            Doña Garga se sobó sus gruesos pelos del bigote, se le prendió el foco (tuvo una ideota) y le dijo al Charro.
—Le damos 100 pesos.
            Empezó el jaloneo, que 100, que 200, que 150 y un beso, no 200, que mejor un beso y 175, sopas quedaron en 200 pesos.
            Allá fue nuestro Charro, a ser el Judas traidor en la representación de la pasión de Cristo.
            Llegaron doña Garga y el Charro con el Sr. Cura y este, cual buen samaritano le ofreció darle unas monedas falsas, al héroe, pintadas de plata, pero el Charro alegó que así no iba a sentir el compromiso, entonces se decidió el presbítero por darle 30 monedas de 10 pesos. Pa´que juera más rialista.
            Un chorro de gente. Un titipuchal de gente. ¡Uta! Mucha gente. Gente pues, nomás gente En la escena de la última empacada nocturna, Chuy partió el pan y lo entregó a sus discípulos. Luego miró al Charro quien vestido con una toga morada, sus deslumbrantes botas  y con su sombrerote –no quiso dejarlo- recibió la mirada de Jesús.
—Lo que vayas a hacer hazlo presto  —dijo el Jesús.
—Ya vas —respondió el Charro.
            En despuesito se vio al Charro estar con el sumo Sacerdote. ¡Caifás! Le entregó al superhéroe las 30 monedas de a 10 pesotes.
            La raza abucheo al Charro.
            Vino la crucifixión y las frases celebres de: “Padre aí los dejo, viva el vivo del más…” ¡Ah no, no es cierto! Dijo: “padre perdónalos no saben lo que hacen”. Total,   crucificaron a nuestro redentor y todo mundo volteó a ver en que momento aquel hombre fornido, alto, ojos verdes, galán y con sombrero, osease nuestro Charro, se ahorcaba, pero:
Nada andavete de Charro, nada, ¡no se colgó! Y nadie sabía por donde andaba el Charro.
            ¿O´nta el bebe? O´nta el Charro, ps.
            Doña Garga sospechó que el Charro se había fugado a la vecindad y que tal vez olvidó sus diálogos y la escena donde se ahorcaba. Fue la señora cuerpo de Trompo y trompa pintada a buscar al Charro y lo encontró contando las monedas.
—¿Qué pasó mi Charro, o´nde andaba?
—¡Ya cumplí doñita, ya cumplí! —respondió el Charro.
—Pero pos —respingó doña Garga, sobándose de nuevo sus pelos gruesos de la cara—, todos esperábamos verlo colgado.
—¿No pos cuál doña, por qué iba a hacerlo, pues?
—Porque así es, una vez que traiciona Judas a Cristo se ahorca —recriminó doña Garga.
—Mire, el tal Jesús, de todas maneras va a resucitar, ¿No? A pos, ¿yo por qué me iba a fregarme solo a mí mismo, colgándome? —Pleonasmote—. Lo caido caido. 300  pesotes son 300 pesotes.
            ¡Caifás!
No deje de leer las aventuras del Charro púrpura. No sea malo no lo critique, ¿a poco nunca ha tenido una necesidad de dinero?
            ¿Caifás?