jueves, 11 de julio de 2013

El Charro morado adventure.


El charro morado se lanza de albañil

El lunes muy temprano, nuestro valeroso héroe se fue a trabajar de albañil. Bueno la situación no es piadosa en el país, si no que le pregunten a los del Seguro Popular, ahora que se los quieren vacunar con el outsurcing y los frijoles cada día están más caros, si no lo cree nuestro simpático defensor del oprimido ya se cansó de comer nopales con jitomate y cebolla. Como el sueldo de portero en la vecindá de La Herradura, no da gran cosa, y lo que se robó siendo Judas, ya se le acabó, esto ha llevado al súper de las masas tapatías a  trabajar en algo extra. Sí lector, aunque no lo crea: a trabajar. Y no crean nuestro Charro también come carne pero lo hace cuando le invitan una asada o cuando sobra de la asada.
Nuestro Charro fue a laborar a una constructora fuera de la ciudad, usted sabe casas FEO, inmobiliaria bonita, compre hoy y no pueda pagar mañana, economice en casa de 2x2.5 mts, entre más chicas menos cortinas, menos muebles, menos hijos, menos quehacer, menos chamba pa´ la gata y más mensualidad. Compre en UDIS —Unidad de indiscriminada stafa—, en fin a esos agujeros de hobbit fue a trabajar al Charro, por cierto lo emplearon de mezclero, para aquellos fieles  a la sensación de la cal, bien saben como es hacerle de mezclero, se hacen dos cajetes de adobe o ladrillo, se prepara el cristiano con su rastrillo de dos metros, se dejan caer dos morteros ( algo parecido a la cal)  se pone agua hasta dejar una mezcla homogénea del mortero con el agua y zas, se le pone arena amarilla al gusto. O.K. La oración quedó muy de albañil, pero pos lo vale. O me vale.
La gracia de  trabajar los mezcleros es simple: se debe tener terminado un mezclero y a medias el otro para tener con suficiente mezcla a toda la población de albañiles. Válgame la mezclansia el día de hoy, pero si en lugar de mezcla pongo; composición, amasijo, mixtura, ensalada, argamasa o miscelánea… no suena a albañiles.
Nuestro galán inició labores a las 8 de la mañana, madrugo pues, sin embargo el Charro no contaba con la agresividad de los maistros, quienes se acabaron en un purruuunn el primer mezclero. “Ándele mijo apúrele”  “Ándela mi alma a mover el micifuz”
“Ándale Charrito que no tengo pa´l  enjarre” “A mover las tepalcuanas”
O.K. no se escuchan como albañiles, pero entienda lector no puedo poner frases como: “Adiós mija, como lo traigas, me cae que no escupo”. ¿Es muy lépera verdad? Mejor olvídenla.
Regresemos, ahí tienen a nuestro Charro eche y eche paladas a puro chaquetín morado, y cuando apretó el sol adiós el chaquetín, y dejó ver su musculatura, ton´s los ñiles dijeron, mira, mira, mira… si hasta parece Kaliman.
Nuestro defensor de la prole no llevó lonche, por eso en la mañana  se hizo guaje y no almorzó, y como no traía dinero, era muy oscuro el futuro para poder comer, sin embargo pasó el de los tacos y gritó.
—Órale mi Charro  hay de chicharrón prensado, de frijoles, de papas con chorizo, de rajas, de picadillo…
—¿Fias pa´ l sábado? —preguntó el Charro.
Y comió.
Ya por la tarde  el Charro llegó a la vencidá,  a tallarle un rato el lomo a su yegua y quejarse, de las manos, de las piernas, de  las nalgas, en fin… ni se bañó, fue a sentarse al portón de la entrada.  En eso llegó el Che Perma.
—¿Andá  cansado el héroe?
—Molido, Che, molido de la albañileada de veras cansa.
—Cansá, cansá, cansá,  también la escuela cansá,  por eso me fingí el vomitrón y no fui a la escuela, mamá se la creyó…
—¿Vomitrón?
—Sí, Che el vomitrón  —miró con desgano al Charro mientras se alejaba unos pasos y después le completo— Vos sos un invento de los ángeles por eso andás encuerado y sin quinto.
El cárdeno quedó  perplejo.
Al día siguiente nuestro  bienhechor  se quedó dormido, y pues llegó un poquito retrasado… a las diez de la morning. En cuanto lo vio el jefe de albañiles, o jefe de personal, o  usted llámele  como quiera,  le mandó llamar.
—Óigame, junte sus cosas, ojala le vaya bien, aquí queremos gente cumplida no flojonasos … —le dijo al Charro.
—No me tenga mala fe señor, no tuve la culpa, me pegó el vomitrón —contestó nuestro héroe.
—¿Quién le pegó? —inquirió  el jefe de albañiles sorprendido.
—¡El vomitrón!
El jefazo se pasó una mano por su relumbrosa panza, prendió un cigarro y lo llevó a la boca mientras le daba una repasada de arriba abajo al Charro.
—¿Quién es ese luchador? —preguntó el jefazo.
—¿Cuál? — inquirió el Charro un tanto azorado.
—Ese tal vomitrón.
—No´mbre cúal luchador, me pegó gómito de a de veras…
—¡Ya… Záquese! —grito el jefazo.
Y lo mandaron a volar.
—¿Me van a pagar el día de ayer? Cuando menos, oiga…
—Tas menso Charro con eso le voy a pagar al de los tacos, además si quiere trabajar de aquí en adelante será outsourcing.

No deje de leer las aventuras del Charro morado, y recuerde, donde exista una calle sin barrer, una mancha de aceite por limpiar y un tejado para reparar, ahí estará el Charro morado. Se rumora (es puñal ) pero no nos consta.