El Charro morado adventure.
El charro morado se
lanza de albañil
El lunes muy
temprano, nuestro valeroso héroe se fue a trabajar de albañil. Bueno la
situación no es piadosa en el país, si no que le pregunten a los del Seguro
Popular, ahora que se los quieren vacunar con el outsurcing y los frijoles cada
día están más caros, si no lo cree nuestro simpático defensor del oprimido ya
se cansó de comer nopales con jitomate y cebolla. Como el sueldo de portero en
la vecindá de La Herradura, no da gran cosa, y lo que se robó siendo Judas, ya
se le acabó, esto ha llevado al súper de las masas tapatías a trabajar en algo extra. Sí lector, aunque no
lo crea: a trabajar. Y no crean nuestro Charro también come carne pero lo hace
cuando le invitan una asada o cuando sobra de la asada.
Nuestro
Charro fue a laborar a una constructora fuera de la ciudad, usted sabe casas
FEO, inmobiliaria bonita, compre hoy y no pueda pagar mañana, economice en casa
de 2x2.5 mts, entre más chicas menos cortinas, menos muebles, menos hijos,
menos quehacer, menos chamba pa´ la gata y más mensualidad. Compre en UDIS
—Unidad de indiscriminada stafa—, en fin a esos agujeros de hobbit fue a trabajar al Charro, por
cierto lo emplearon de mezclero, para aquellos fieles a la sensación de la cal, bien saben como es
hacerle de mezclero, se hacen dos cajetes de adobe o ladrillo, se prepara el
cristiano con su rastrillo de dos metros, se dejan caer dos morteros ( algo
parecido a la cal) se pone agua hasta
dejar una mezcla homogénea del mortero con el agua y zas, se le pone arena
amarilla al gusto. O.K. La oración quedó muy de albañil, pero pos lo vale. O me
vale.
La
gracia de trabajar los mezcleros es
simple: se debe tener terminado un mezclero y a medias el otro para tener con
suficiente mezcla a toda la población de albañiles. Válgame la mezclansia el día de hoy, pero si en
lugar de mezcla pongo; composición, amasijo, mixtura, ensalada, argamasa o
miscelánea… no suena a albañiles.
Nuestro
galán inició labores a las 8 de la mañana, madrugo pues, sin embargo el Charro
no contaba con la agresividad de los maistros,
quienes se acabaron en un purruuunn el primer mezclero. “Ándele mijo
apúrele” “Ándela mi alma a mover el
micifuz”
“Ándale Charrito
que no tengo pa´l enjarre” “A mover las
tepalcuanas”
O.K. no se escuchan
como albañiles, pero entienda lector no puedo poner frases como: “Adiós mija,
como lo traigas, me cae que no escupo”. ¿Es muy lépera verdad? Mejor olvídenla.
Regresemos,
ahí tienen a nuestro Charro eche y eche paladas a puro chaquetín morado, y
cuando apretó el sol adiós el chaquetín, y dejó ver su musculatura, ton´s los ñiles dijeron, mira, mira, mira… si
hasta parece Kaliman.
Nuestro defensor de
la prole no llevó lonche, por eso en la mañana
se hizo guaje y no almorzó, y como no traía dinero, era muy oscuro el
futuro para poder comer, sin embargo pasó el de los tacos y gritó.
—Órale mi
Charro hay de chicharrón prensado, de
frijoles, de papas con chorizo, de rajas, de picadillo…
—¿Fias pa´ l
sábado? —preguntó el Charro.
Y comió.
Ya por la
tarde el Charro llegó a la vencidá, a tallarle un rato el lomo a su yegua y
quejarse, de las manos, de las piernas, de
las nalgas, en fin… ni se bañó, fue a sentarse al portón de la
entrada. En eso llegó el Che Perma.
—¿Andá cansado el héroe?
—Molido, Che,
molido de la albañileada de veras cansa.
—Cansá, cansá,
cansá, también la escuela cansá, por eso me fingí el vomitrón y no fui a la
escuela, mamá se la creyó…
—¿Vomitrón?
—Sí, Che el
vomitrón —miró con desgano al Charro
mientras se alejaba unos pasos y después le completo— Vos sos un invento de los
ángeles por eso andás encuerado y sin quinto.
El
cárdeno quedó perplejo.
Al
día siguiente nuestro bienhechor se quedó dormido, y pues llegó un poquito
retrasado… a las diez de la morning.
En cuanto lo vio el jefe de albañiles, o jefe de personal, o usted llámele
como quiera, le mandó llamar.
—Óigame, junte sus
cosas, ojala le vaya bien, aquí queremos gente cumplida no flojonasos … —le
dijo al Charro.
—No me tenga mala
fe señor, no tuve la culpa, me pegó el vomitrón —contestó nuestro héroe.
—¿Quién le pegó? —inquirió el jefe de albañiles sorprendido.
—¡El vomitrón!
El
jefazo se pasó una mano por su relumbrosa panza, prendió un cigarro y lo llevó
a la boca mientras le daba una repasada de arriba abajo al Charro.
—¿Quién es ese
luchador? —preguntó el jefazo.
—¿Cuál? — inquirió
el Charro un tanto azorado.
—Ese tal vomitrón.
—No´mbre cúal
luchador, me pegó gómito de a de veras…
—¡Ya… Záquese!
—grito el jefazo.
Y lo mandaron a
volar.
—¿Me van a pagar el
día de ayer? Cuando menos, oiga…
—Tas menso Charro
con eso le voy a pagar al de los tacos, además si quiere trabajar de aquí en
adelante será outsourcing.
No deje de leer las
aventuras del Charro morado, y recuerde, donde exista una calle sin barrer, una
mancha de aceite por limpiar y un tejado para reparar, ahí estará el Charro
morado. Se rumora (es puñal ) pero no nos consta.
