El Charro morad…, reloaded
El Charro morado vs
la perrada.
La noche era
tenebrosa. Un aullido rompía el silencio. Un silencio aullaba roto. Un roto, en
silencio aulló. Llovía. Una figura atlética, un súper hombre, con un tipo flaco
cargado a sus espaldas saltaba de charco en charco, buscando en cada salpicada
alejarse presuroso de una jauría maldita. ¡Sí! Aquella sombra con un mortal
flaco cargado a sus espaldas, huía. Las inclementes gotas se deslizaban por las
botonaduras de plata y daban brillo al traje púrpura. (Yes, también se deslizaban por sobre un hombre flaco cargado a las
espaldas del fugitivo)¡Era el Charro morado, defensor de la prole! El goterio
no dejaba ver con claridad los machuelos de las banquetas, entonces cayó de
panza el superhéroe de las masas y el hombre flaco cargado a sus espaldas rodó
unos metros quedando boca abajo en un enorme bache. Casi se ahogó.
Ya
no era el hombre flaco cargado a las espaldas… Ok, debería de decir que iba
cargado en la espalda del Charro y no en sus espaldas, pero si lo narramos ansina se le quita lo tapatío…
El
Charro se incorporó como un rayo, ta bueno, tan rápido como un rayo sale de la
tierra al cielo y asistió al hombre flaco que iba cargado a sus espaldas. Ese
hombre flaco a quien el Charro iba
cargando en sus espaldas era: El Cristo de Ixtapalapa. ¡Sí! Ese mismo. El
Cristo de Ixtapalapa raptado por el cartel de… Al, Can, Pone.
Al
instante de incorporar al Cristo el Charro ojeó a la perrada rodearlo (la perrería
ya lo iba persiguiendo) así mesmamente
a gacela arrojó al Cristo contra unos botes de basura para esconderlo.
—Qué es lo qué
buscas humano —preguntó un bulldog tuerto mascando tabaco y apuntándolo con una
45. Detrás de él un séquito de
maleantes, perros versados en el mal
hábito de masticar cristiano.
El Charro miró de
soslayo al Cristo y con el puro movimiento de pestaña lo obligó a esconderse
más. Si esos perros se dieran cuenta de que el Charro había liberado de su
encierro al Cristo sería su muerte.
Un dóberman se aproximó
acomodando su fina gabardina, protegido del inclemente tiempo por paraguas
sostenidos por dos enormes mastines. Un cocker saltaba frente al gran jefe para
que no le salpicaran las gotas de agua.
—¿Un hombre peligroso?
—inquirió el gran can.
—¡Pártele su madre
Dóber, pártele su madre! —gritó un enano peludo llamado Schanauzer.
—¡Cállate híspido!
deja ver que se trae —ordenó el dóberman y miró al Charro morado—. ¿Quién eres?
—Soy el Charro
morado.
—¡El Charro morado!
—Yes, I´m el Charro morado.
El dóberman cruzó mirada con un
rottweiler, el rottweiler volteó con un huskey, el huskey con un pitbull, el
pitbull con un stafforshire, el stafforshire con un bull terrier, el bull terrier
con un akita y el akita dijo:
—¡Ah el Charro
morado! ¿Y eso qué chingaos?
Una poodle meneando la cola y sus
patitas peludas y dejando ver el glamour
en el movimiento de sus orejas contestó:
—Es un héroe local,
mátalo Dóber y volvamos a nuestros asuntos.
—O.K. Princesa
—respondió el jefe máximo y le ladró al bulldog quien aún apuntaba con la 45.
—¿Por qué mejor no
lo hacemos carnitas? —alegó un pastor alemán—, ¿o tacos al pastor…?
El Charro morado en un movimiento de pantera logró desarmar al bulldog
y apuntó al gran dóberman.
—Aaaaaaah malvados canis familiaris, tan difíciles de
atrapar, bien sé de sus fechorías y de cómo secuestraron al Cristo de
Ixtapalapa y sépanse una cosa aquí está conmigo.
En eso apareció el Cristo de Ixtapala repartiendo bendiciones, eso fue una
distracción para el Charro quien recibió el embate de un chihuahua, quitándole
la 45.
Los dos bajo la lluvia, el Charro y
el Cristo vieron como se acercó el gran perro llamado Dóber y golpeó el rostro del Cristo.
—Si he hecho mal,
por qué no me lo dices… y si no, ¿por qué me chingas? —indagó el Cristo.
El Dóber, enarcó las cejas, resopló,
miró desconcertado a los lados.
—Aquí el greñudo
tiene razón —dijo el Charro.
Y ¡Sopas! El Dóber se descontó al
Charro.
—Si he hecho mal…
—Claro que has
actuado mal, ¿por qué liberaste al Cristo?
—Eso, lo liberé
porque ustedes no debían tenerlo secuestrado…
—¡Ustedes los
humanos tienen más de 50 de nuestra raza detenidos sin ninguna prueba, y los
tiene acusados de asesinato, no les pusieron abogado…! —alegó el bulldog.
Una mirada del Dóber lo hizo guardar
silencio.
—Mira Charro, ya se
pasaron de chorizo y no lo vamos a permitir, acusar a la banda del “Lindo
pulgoso” de asesinos es no tener madre. Por eso secuestramos al Cristo de
Ixtapalapa, a ver si les duele, total, a ustedes; despojarlos de a quien adorar
los mata, aunque bueno, si les desaparecemos una estrella, Televisa les inventa
otra, no obstante, que ustedes sean unos imbéciles dominados por la televisión
no es nuestro problema, mas como viniste de metiche, por culpa tuya, vamos a
colgarlos a los dos como ejemplo de nuestro descontento. ¡Órale cuélguenlos!
Los perros se arremolinaron a los
costados del Cristo y del Charro, pronto una soga raspó el cuello del Cristo y en un suspiró se
elevó del suelo, sacó la lengua y estiró las patas.
—El siguiente —dijo
el Dóber.
El jinete púrpura sintió dolor en
cuello y se convulsionó antes de perder el conocimiento.
Ahí quedó el Charro morado defensor
de la prole pendulando.
(o.k. péndulo no es verbo… ¿a poco
no se oye bien?)
El Dóber se acercó a los cuerpos
levantó sus patas delanteras y dijo:
—¡Bájenlos y
póngales un letrero! ¡Con la banda de Al Can Pone, nadie se mete!
La lluvia aumentó. Un rayo cayó a lo
lejos. Los truenos se hicieron presentes y una voz entre las nubes retumbó.
¡Charro…!
¡Charrooooooooooo…! ¡Levántate y andaaaaaaa!
¡Levántate!
Ante
la sorpresa de Dóber Al Can Pone, la voz elevó el tono.
¡Con una
chingada Charro levántate se te hace
tardeeeeeeeee!
Asustado nuestro Charro despertó
diaforético en su catre, el reloj marcaba las 7 de la mañana, se había quedado
dormido para asistir a su nuevo trabajo. Recolector de perros callejeros.
No deje de leer las
aventuras del Charro morado defensor de la prole y de los derechos de los no
humanos. (Perros, gastos, chivos, loros…)
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