jueves, 24 de enero de 2013


El Charro morad…, reloaded

El Charro morado vs la perrada.

La noche era tenebrosa. Un aullido rompía el silencio. Un silencio aullaba roto. Un roto, en silencio aulló. Llovía. Una figura atlética, un súper hombre, con un tipo flaco cargado a sus espaldas saltaba de charco en charco, buscando en cada salpicada alejarse presuroso de una jauría maldita. ¡Sí! Aquella sombra con un mortal flaco cargado a sus espaldas, huía. Las inclementes gotas se deslizaban por las botonaduras de plata y daban brillo al traje púrpura. (Yes, también se deslizaban por sobre un hombre flaco cargado a las espaldas del fugitivo)¡Era el Charro morado, defensor de la prole! El goterio no dejaba ver con claridad los machuelos de las banquetas, entonces cayó de panza el superhéroe de las masas y el hombre flaco cargado a sus espaldas rodó unos metros quedando boca abajo en un enorme bache. Casi se ahogó.
Ya no era el hombre flaco cargado a las espaldas… Ok, debería de decir que iba cargado en la espalda del Charro y no en sus espaldas, pero si lo narramos ansina se le quita lo tapatío…
El Charro se incorporó como un rayo, ta bueno, tan rápido como un rayo sale de la tierra al cielo y asistió al hombre flaco que iba cargado a sus espaldas. Ese hombre flaco  a quien el Charro iba cargando en sus espaldas era: El Cristo de Ixtapalapa. ¡Sí! Ese mismo. El Cristo de Ixtapalapa raptado por el cartel de… Al, Can, Pone.
Al instante de incorporar al Cristo el Charro ojeó a la perrada rodearlo (la perrería ya lo iba persiguiendo) así mesmamente a gacela arrojó al Cristo contra unos botes de basura para esconderlo.

—Qué es lo qué buscas humano —preguntó un bulldog tuerto mascando tabaco y apuntándolo con una 45. Detrás de él un séquito de maleantes, perros  versados en el mal hábito de  masticar cristiano.
            El Charro miró de soslayo al Cristo y con el puro movimiento de pestaña lo obligó a esconderse más. Si esos perros se dieran cuenta de que el Charro había liberado de su encierro al Cristo sería su muerte.
            Un dóberman se aproximó acomodando su fina gabardina, protegido del inclemente tiempo por paraguas sostenidos por dos enormes mastines. Un cocker saltaba frente al gran jefe para que no le salpicaran las gotas de agua.
—¿Un hombre peligroso? —inquirió el gran can.
—¡Pártele su madre Dóber, pártele su madre! —gritó un enano peludo llamado Schanauzer.
—¡Cállate híspido! deja ver que se trae —ordenó el dóberman y miró al Charro morado—. ¿Quién eres?
—Soy el Charro morado.
—¡El Charro morado!
—Yes, I´m  el Charro morado.
            El dóberman cruzó mirada con un rottweiler, el rottweiler volteó con un huskey, el huskey con un pitbull, el pitbull con un stafforshire, el stafforshire con un bull terrier, el bull terrier con un akita y el akita dijo:
—¡Ah el Charro morado! ¿Y eso qué chingaos?
            Una poodle meneando la cola y sus patitas peludas y dejando ver el glamour en el movimiento de sus orejas contestó:
—Es un héroe local, mátalo Dóber y volvamos a nuestros asuntos.
—O.K. Princesa —respondió el jefe máximo y le ladró al bulldog quien aún apuntaba con la 45.
—¿Por qué mejor no lo hacemos carnitas? —alegó un pastor alemán—, ¿o tacos al pastor…?
            El Charro morado en un  movimiento de pantera logró desarmar al bulldog y apuntó al gran dóberman.
—Aaaaaaah malvados canis familiaris, tan difíciles de atrapar, bien sé de sus fechorías y de cómo secuestraron al Cristo de Ixtapalapa y sépanse una cosa aquí está conmigo.
            En eso apareció el Cristo de  Ixtapala repartiendo bendiciones, eso fue una distracción para el Charro quien recibió el embate de un chihuahua, quitándole la 45.
            Los dos bajo la lluvia, el Charro y el Cristo vieron como se acercó el gran perro llamado Dóber  y golpeó el rostro del Cristo.
—Si he hecho mal, por qué no me lo dices… y si no, ¿por qué me chingas? —indagó el Cristo.
            El Dóber, enarcó las cejas, resopló, miró desconcertado a los lados.
—Aquí el greñudo tiene razón —dijo el Charro.
            Y ¡Sopas! El Dóber se descontó al Charro.
—Si he hecho mal…
—Claro que has actuado mal, ¿por qué liberaste al Cristo?
—Eso, lo liberé porque ustedes no debían tenerlo secuestrado…
—¡Ustedes los humanos tienen más de 50 de nuestra raza detenidos sin ninguna prueba, y los tiene acusados de asesinato, no les pusieron abogado…! —alegó el bulldog.
            Una mirada del Dóber lo hizo guardar silencio.
—Mira Charro, ya se pasaron de chorizo y no lo vamos a permitir, acusar a la banda del “Lindo pulgoso” de asesinos es no tener madre. Por eso secuestramos al Cristo de Ixtapalapa, a ver si les duele, total, a ustedes; despojarlos de a quien adorar los mata, aunque bueno, si les desaparecemos una estrella, Televisa les inventa otra, no obstante, que ustedes sean unos imbéciles dominados por la televisión no es nuestro problema, mas como viniste de metiche, por culpa tuya, vamos a colgarlos a los dos como ejemplo de nuestro descontento. ¡Órale cuélguenlos!
            Los perros se arremolinaron a los costados del Cristo y del Charro, pronto una soga  raspó el cuello del Cristo y en un suspiró se elevó del suelo, sacó la lengua y estiró las patas.
—El siguiente —dijo el Dóber.
            El jinete púrpura sintió dolor en cuello y se convulsionó antes de perder el conocimiento.
            Ahí quedó el Charro morado defensor de la prole pendulando.
            (o.k. péndulo no es verbo… ¿a poco no se oye bien?)
            El Dóber se acercó a los cuerpos levantó sus patas delanteras y dijo:
—¡Bájenlos y póngales un letrero! ¡Con la banda de Al Can Pone, nadie se mete!

            La lluvia aumentó. Un rayo cayó a lo lejos. Los truenos se hicieron presentes y una voz entre las nubes retumbó.
¡Charro…! ¡Charrooooooooooo…! ¡Levántate y andaaaaaaa!
¡Levántate!
Ante la sorpresa de Dóber Al Can Pone, la voz elevó el tono.

¡Con una chingada  Charro levántate se te hace tardeeeeeeeee!
            Asustado nuestro Charro despertó diaforético en su catre, el reloj marcaba las 7 de la mañana, se había quedado dormido para asistir a su nuevo trabajo. Recolector de perros callejeros.

No deje de leer las aventuras del Charro morado defensor de la prole y de los derechos de los no humanos. (Perros, gastos, chivos, loros…)

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