El Charro morado Adventure´s.
La duda.
En la vecindad de
la Herradura todo era por el momento la pura felicidad, en el cuarto #1 donde
el súper Charro habita está por el momento tapizado de posters del Atlas,
flamante equipo de Guadalajara que la mayoría de sus días la pasa dando
vergüenzas y lástima, que sin embargo, en recientes momentos va viento en popa
a salvarse del descenso, dejando a los pobres pollitos del Querétaro con un pie
en la sepultura.
El
Charro no se anda con rodeos y está que no lo calienta ni el agua de tlacote.
Feliz por su equipo. Doña Garga la vecina del #2, sabiendo de lo contento del
Charro ha insistido en invitarle una cerveza fría pero el Charro no toma y por
ello no consigue sus negros objetivos, la cuerpo de trompo de doña Garga… nunca
lo ha puesto pedo pues.
Doña Garga bajó a todos los santos
del cielo por encontrar al Charro morado justo a su arribo a la vecindá
luego de un partido del Atlas.
Nuestro
héroe se escabulle entre la porra de la barra (41) y así entre los porristas se
avienta sus partidos el buen Charro.
Bien tarde llegó el Charro montado
en su yegua Rosita a su cuarto de portero en la vecindá la Herradura. Noche sin estrellas y una banda grupera de
esas que tocan canciones para desgarrados amores tronaba en una fiesta en la
esquina de la calle. Acomodó a su yegua en el tapatío y le dio su alfalfa
mientras festejaba a todo pulmón los goles de un tal (Omar Bravo), sí un
jugador de medio pelo que jugó en la Coruña, en Tigres y en Cruz Azul. Bueno
ahora ídolo del Charro y justo entonces vio la figura redonda terminada en
punta, era… la sombra de doña Garga.
—Hola don Charro… —dijo
con melodiosa voz. Imitando a esas chicas del hot line. Le iba costar trabajo because
doña Garga tiene voz aguardientosa y grave, y su cara muestra ojos chicos,
trompuda y de boca eso sí, grande, muy mucho grande.
—¡Ah pero si es
doña Garga!, hombre pase usted no se quede aí mirando desde la puerta pásele a
lo barrido deje le preparo un café con leche…
—Vengo a invitarte
un trago moreno –le soltó a quema ropa doña Garga. Y hasta entonces el Charro
se dio cuenta, doña Garga andaba en puro camisón, bueno, la verdad era como una
manta grande color verde limón con florecitas rojas pero como que se figuraba
un vestido sexy.
—¿Quién se murió
doña Garga?—interrogó el Charro sacado un poco de contexto.
Entonces
doña Garga, como que sí traía la hormona pesada porque las alas le rugían medio
feo, que ni con desodorante lo disimulaba, se introdujo a la vivienda del Charro
y ya iba a soltar una proposición insana cuando bolas detrás de ella apareció
don Garraspeo. (Esposo de doña Garga) con semejante pistolón.
—¿Puedes decirme a
qué vinites con el señor Charro? –preguntó a doña Garga, quien de una media
vuelta violenta salió disparada a su casa dejando solo el aroma de su sobaco
impregnado en el ambiente.
El Charro aun sacado de onda
pregunto:
—¿Pasa algo don
Garraspeo?
—Nada mi querido
Charro, nomás vengo a invitarle un trago…
—ujule no tomo…
—¿Pero sí le gustan
las mujeres?, ¿o me va a salir que con eso de que es de los que le van al Atlas
y no le gustan?
—¿Claro que me
gustan la viejas pos qué cree?
—O´ra pues ámonos a
un bule –le dijo don Garraspeo.
El Charro se rascó la cabeza y le
respondió.
—Va usted a
perdonarme pero la manera verdad ando retebien cansado de tanta porra y
prefiero irme a dormir…
—¿Prefieres dormir
qué ver una mujer de cerca y abrazarla y besarla y lo… demás?
Ya le habían llegado rumores a don
Garraspeo sobre los deslices de doña Garga hacia el Charro, pero mientras
algunos afirmaban que el Charro si le estaba arrimando carnita a doña Garga, el
mismo don Garraspeo lo dudaba. Pa´ mí que ese Charro es maricón, le gusta que
le soplen en la nuca, que le machaquen los fréjoles…
—Va usted a
perdóname don Garraspeo pero usted es casado y no tiene que andar con esas
cosas
Don Garraspeo lo observó de hito en
hito y se rascó la cabeza. Bien decían en la vecindad, el Charro no es para preocuparse,
usted no se mortifique por doña Garga, el Charro le va al Atlas, le decían.
—¿De plano no va
pues mi amigo?
—Pos no don
Garraspeo, ya le dije, tengo mucho sueño.
Don Garraspeo se encaminó rumbo al
patio de la Herradura y le dijo al Charro:
—Se me hace que
ahora sí se le va hacer al salado, fíjese: este año, cayó un meteorito, entambaron a la maistra Elba, renunció nuestro santopadreamado Benedicto XVI, al
papado, el Barcelona empezó a perder y se murió Hugo Chávez. Ora sí va a ser
campeón su Atlas. ¡O´ra sí!
¿Descubrirá si es o
no el Charro? ¿Don Garraspeo irá a ponerle unos cates a doña Garga? ¿Se regará
el tepache de que el Charro, digo, vamos, como que deja dudas?
No deje de leer las
aventuras del Charro morado justiciero ciego.
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