miércoles, 6 de marzo de 2013



El Charro morado Adventure´s.

La duda.

En la vecindad de la Herradura todo era por el momento la pura felicidad, en el cuarto #1 donde el súper Charro habita está por el momento tapizado de posters del Atlas, flamante equipo de Guadalajara que la mayoría de sus días la pasa dando vergüenzas y lástima, que sin embargo, en recientes momentos va viento en popa a salvarse del descenso, dejando a los pobres pollitos del Querétaro con un pie en la sepultura.
El Charro no se anda con rodeos y está que no lo calienta ni el agua de tlacote. Feliz por su equipo. Doña Garga la vecina del #2, sabiendo de lo contento del Charro ha insistido en invitarle una cerveza fría pero el Charro no toma y por ello no consigue sus negros objetivos, la cuerpo de trompo de doña Garga… nunca lo ha puesto pedo pues.
            Doña Garga bajó a todos los santos del cielo por encontrar al Charro morado justo a su arribo  a la vecindá luego de un partido del Atlas.
Nuestro héroe se escabulle entre la porra de la barra (41) y así entre los porristas se avienta sus partidos el buen Charro.
            Bien tarde llegó el Charro montado en su yegua Rosita a su cuarto de portero en la vecindá la Herradura. Noche sin estrellas y una banda grupera de esas que tocan canciones para desgarrados amores tronaba en una fiesta en la esquina de la calle. Acomodó a su yegua en el tapatío y le dio su alfalfa mientras festejaba a todo pulmón los goles de un tal (Omar Bravo), sí un jugador de medio pelo que jugó en la Coruña, en Tigres y en Cruz Azul. Bueno ahora ídolo del Charro y justo entonces vio la figura redonda terminada en punta, era… la sombra de doña Garga.
—Hola don Charro… —dijo con melodiosa voz. Imitando a esas chicas del hot line. Le iba costar trabajo because doña Garga tiene voz aguardientosa y grave, y su cara muestra ojos chicos, trompuda y de boca eso sí, grande, muy mucho grande.
—¡Ah pero si es doña Garga!, hombre pase usted no se quede aí mirando desde la puerta pásele a lo barrido deje le preparo un café con leche…
—Vengo a invitarte un trago moreno –le soltó a quema ropa doña Garga. Y hasta entonces el Charro se dio cuenta, doña Garga andaba en puro camisón, bueno, la verdad era como una manta grande color verde limón con florecitas rojas pero como que se figuraba un vestido sexy.
—¿Quién se murió doña Garga?—interrogó el Charro sacado un poco de contexto.
            Entonces doña Garga, como que sí traía la hormona pesada porque las alas le rugían medio feo, que ni con desodorante lo disimulaba, se introdujo a la vivienda del Charro y ya iba a soltar una proposición insana cuando bolas detrás de ella apareció don Garraspeo. (Esposo de doña Garga) con semejante pistolón.
—¿Puedes decirme a qué vinites con el señor Charro? –preguntó a doña Garga, quien de una media vuelta violenta salió disparada a su casa dejando solo el aroma de su sobaco impregnado en el ambiente.
            El Charro aun sacado de onda pregunto:
—¿Pasa algo don Garraspeo?
—Nada mi querido Charro, nomás vengo a invitarle un trago…
—ujule no tomo…
—¿Pero sí le gustan las mujeres?, ¿o me va a salir que con eso de que es de los que le van al Atlas y no le gustan?
—¿Claro que me gustan la viejas pos qué cree?
—O´ra pues ámonos a un bule –le dijo don Garraspeo.
            El Charro se rascó la cabeza y le respondió.
—Va usted a perdonarme pero la manera verdad ando retebien cansado de tanta porra y prefiero irme a dormir…
—¿Prefieres dormir qué ver una mujer de cerca y abrazarla y besarla y lo… demás?
            Ya le habían llegado rumores a don Garraspeo sobre los deslices de doña Garga hacia el Charro, pero mientras algunos afirmaban que el Charro si le estaba arrimando carnita a doña Garga, el mismo don Garraspeo lo dudaba. Pa´ mí que ese Charro es maricón, le gusta que le soplen en la nuca, que le machaquen los fréjoles…
—Va usted a perdóname don Garraspeo pero usted es casado y no tiene que andar con esas cosas
            Don Garraspeo lo observó de hito en hito y se rascó la cabeza. Bien decían en la vecindad, el Charro no es para preocuparse, usted no se mortifique por doña Garga, el Charro le va al Atlas, le decían.
—¿De plano no va pues mi amigo?
—Pos no don Garraspeo, ya le dije, tengo mucho sueño.
            Don Garraspeo se encaminó rumbo al patio de la Herradura y le dijo al Charro:
—Se me hace que ahora sí se le va hacer al salado, fíjese: este año, cayó un meteorito, entambaron a la maistra Elba, renunció nuestro santopadreamado Benedicto XVI, al papado, el Barcelona empezó a perder y se murió Hugo Chávez. Ora sí va a ser campeón su Atlas. ¡O´ra sí!

¿Descubrirá si es o no el Charro? ¿Don Garraspeo irá a ponerle unos cates a doña Garga? ¿Se regará el tepache de que el Charro, digo, vamos, como que deja dudas?

No deje de leer las aventuras del Charro morado justiciero ciego.

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