miércoles, 31 de octubre de 2012












El Charro morado Adventure´s

Por: Noé Reyes.

“Son tus… peeeerjúmenes mujer
los que me suli-bellan…”

Cansado de tanto esperar y con la incertidumbre de:¿me van a contratar? Esperaba el buen Charro morado defensor de la prole afuera de un edificio administrativo. Lo habían citado ahí para hacerle una entrevista de trabajo.
 Don Garraspeo, quien lo citó, era de un tamaño redondo como la Tonina Jackson, (luchador de los años de mil novecientos cuarenta y quihúboles) y esposo de don Garga, —también porcina y con ansias locas de comerse al pobre Charro—, era el flamante secretario de deportes del municipio de Tlaquepulque y zonas aledañas.
La oficina donde recibió al Charro era amplia, con dos muebles acojinados para sentar a la gente del partido y un par de bancas negras de madera ya media carcomida para aquellos quejosos, tramitosos, y solicitantosos visitantes al edificio.
El escritorio de don Garraspeo era ancho como su codicia y su sillón giratorio (dicen que a los años se lo robó don Garraspeo para usarlo en una peluquería) era amplio, detrás del mueble tiovivo, un par de retratos, uno del flamante gobernador de Jalisco y el otro del deslumbrante presidente de la República. Se cuenta una gran amistad entre ambos, compartían el gel Chiquimarco y salieron buenos en la escuela… para copiarse, uno ponía en el examen: yo no sé y el otro escribía; yo tampoco. Ahora bien, ambos hicieron carrera en la Universidad de Coopetessburgo. Graduados como licenciados, ve tú a saber en qué, y con unos diplomados en el PRI impartidos por la maistra Elba Esther Restiramento Gorgojillo y una maestría en Transología de la Comunicación, bueno… habemus papam, o mejor dicho habemus gober and president. El Charro, nuestro Charro, miró impaciente a don Garraspeo quien se hacía como que no veía al Charro o se le había olvidado su promesa de empleo.
—Dígame mi estimado y folklórico amigo Charro, en que puedo ayudarle a un buen vecino de mi afamada vecindá —dijo don Garraspeo mientras sobaba su sandía disfrazada de panza.
—Pos doña Garga, su señora me dijo: anda con Garraspeo ya puede darte trabajo…
—Pérese mi amigo Charro, pérese, no es nomás así… cómo va usted a creer, no, aquí hay muchas solicitudes de gente cooperadora con el partido en tiempos de campaña, esto hace difícil darle trabajo así por así, me entiende, hay compromisos y pocas plazas.
 —No pos eso sí lo entiendo don Garraspeo —dijo el Charro resignándose a ser botado de la oficina—. Yo ni iba a venir, pero su señora insistió, anda ve con Garraspeo, el puede —suspiró el defensor de los pobres y se dio la vuelta rumbo a la salida.
            Don Garraspeo sintió frío al recordar a doña Garga, y sus arranques de fiera en celo, combinación entre oso gris y salmón cuesta arriba, ésta le iba a preguntar si le dio empleo al purpúreo amigo. ¿Se enmuinaría muy mucho demasiado su vieja? Ira, mija pos no pude edá. ¿Cómo quitarse al Charro? ¿Contentaría a doña Garga? No, la gorda iba a  encabronarse, por ello habría que dejar en claro, o sea muy mucho contundente, que el valeroso superhéroe de Guadalajara no podía quedarse con un puesto en el ayuntamiento.
—No se vaya tan así my friend , ¿cuénteme cómo ayudó en la campaña? —don Garraspeo preguntó con malicia. El valeroso galán de las feitas le contestó:
¿Quién acarreó las boletas ya tachadas para embarazar las urnas? Yo. ¿Quién llevaba los viejitos, los ciegos y los sordos para que votaran el día de las elecciones? Yo. ¿Quién llevó las tarjetas de Soriana a toda la vencindá? Yo. ¿Quién traía a la yegua con un paraguas en la cabeza anunciando a la Bella Nieto y al Aris? Yo. ¿A quién le prometieron 500 pesos sí votaba por el PRI y no le han pagado? Pos a mí. ¿Quién aguantó que le dijeran vende patrias? Yo.  A quien entrevistó Televisa para desmentir lo de Soriana y la regaladera de bacinillas? A mí… y en todavía pregunta si ayudé, óigame don Garraspeo eso es no tener madre, y le recuerdo que usted inició campaña por la Carnicería López y por mil pesotes, se cambalacho, ¿no se acuerda?...
            Don Garraspeo lo miró tranquilo y comentó:
—Ay, hijo son cosas de la política y no creas me acuerdo bien de tus actos por ello dime: qué tipo de empleo quieres aquí en la Secretaria del Deporte.
            Al valeroso héroe se le rasaron los ojitos de lágrimas y pujó.
—Pos no sé, cualquier cosa, al cabo no sé hacer casi nada —alegó el Charro.
—No, no, pa´ eso tenemos diputados y senadores.
El defensor de la prole observó con duda a don Garraspeo, para ver si no lo estaba guaseando, pero no, en efecto hablaba sin burla.
—Pos entonces cualquier cosa es bueno…
—Mire mi jinete apocalíptico, hay un puesto que trabajaría tres días a la semana con horario de 10 de la mañana a una de la tarde, con un bono de 4000 pesos para despensa  y con un sueldo de 45 mil pesos mensuales… Híjole mi buen ya la regué, le estoy ofreciendo mi puesto, no, no, pos si seré bruto.
            El gordo de Garraspeo quedó pensativo y luego buscó en las listas de su escritorio mentando madres.
—Un empleito de arbitro de futbol, yo aguanto…
—Qué te parece —interrumpió don Garraspeo— un sueldito de unos 2 mil pesos quincenales, con 150 pesos de bono para despensa, 10 pesos para gastos médicos y 30 vales para el camión y unos tortibonos de medio kilo por día, digo, con eso alimenta a su yegua mi Charro, trabajando de 8 de la mañana a cuatro de la tarde de lunes a viernes y los sábados de 8 a 2 de la tarde. Eso sí, son trabajos duros muy matados…  —aquí don Garraspeo hizo una pausa—. Híjole mi buen ya la regué  otra vez, va usted a creer, y es que pa´esa chamba se necesita titulo de abogado, doctor, administrador…
            Aquí el Charro se dio color, lo estaban carneando, agachó la cabeza y salió sin despedirse.
            En la noche, recostado en su catre, mirando como una mosca le hacia la corte a otra, escuchó en la calle: ¡Queremos jalogüín! ¡Queremos jalogüín! ¡Queremos jalogüín!
“Así me pasó a mí, jui por mi jalos-win con don Garraspeo y ni calaverita me dio el muy…”

            El Charro morado Adventure´s  es patrocinado por Fundación Peña Nieto, en asociación con herederos de Raúl Velasco, la cultura al alcance de un TeleGuía. Una estrella más, del Canal de las Estrellas.

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